¿Abelardo Díaz Alfaro, Dibujante y Caricaturista?
Reportaje «El Escritor que Pudo Ser Dibujante» de Arturo Cintrón García, destaca que PR perdió un gran dibujante y ganó un excelente escritor
Arte Cultura y Entretenimiento | Redacción/ Escrito por Javier Martínez | Visit [a] TintaADiario en Facebook


En un escrito de la sección literaria del domingo 25 de junio de 1978 del periódico El Mundo, Arturo Cintrón García narra de las habilidades para el dibujo y la caricatura del conocido escritor puertorriqueño, Abelardo Díaz Alfaro.
Díaz Alfaro (1916-1999) fue un destacado escritor puertorriqueño, maestro del cuento costumbrista. Su obra Terrazo (1947) lo consagró por retratar con humor y profundidad la identidad y vida campesina de Puerto Rico.
El Escritor que Pudo Ser Dibujante
Por Arturo Cintrón García ( escrito de 25 de junio de 1978 )
Abelardo Díaz Morales — «Abelardo portorricense». como le llamo Alberto Rembao -. vino a vivir a Ponce a la calle de la Salud, en una amplia casa que todavía existe, para cumplir con sus obligaciones pastorales.
Fue en el primer lustro del año 1930. Le acompañó su extensa y ejemplar familia. Abelardo Diaz Alfaro formaba parte del núcleo. Allí residieron hasta los primeros años de la década del cuarenta.
Así conocí a Abelardo Díaz Alfaro, el gran escritor que pudo haber sido un dibujante excepcional. No lo es ahora porque no quiso. Si quisiera serlo todavía le resta tiempo. Es cierto que el manejo del lápiz o del pincel requiere asiduidad. La inacción crea torpeza manual, tanto más si se considera que la destreza se adquiere desde los años mozos. En Abelardo la habilidad sigue latente.
En esa prolongada y entrañable amistad, que me honra, con Abelardo Diaz. se difuminan en el recuerdo las veces que le exigió la práctica formal del dibujo.
No había razón ni derecho, siquiera, para que un talento excepcional se perdiera por inacción. Abelardito escuchaba y me miraba con picardía de muchacho travieso e incrédulo: !Que no es para tanto! Hago estas cosas porque sí y ahí me quedo».
Las manifestaciones de admiración por el dibujante en incipiencia no eran producto del amor de amistad. Estuvieron avaladas siempre por expresiones superiores.
Una tarde de un mes del año 1933, estábamos Pedro Luis Rosso y yo dibujando «El Pensador de Rodin en la Academia de Horacio Castaing. Don Luis Rosso, padre de Pedro Luis e íntimo amigo de Horacio Castaing de paso hacia su hogar. penetró en la Academia para observar cómo andaba Pedro Luis en sus aprovechamientos. Don Luis Rosso no era dibujante pero tenía una fina sensibilidad para apreciar la pintura y todas las Artes.
—Horacio, ¿quién ha dibujado esa esfera?
—¿Cuál esfera? preguntó Castaing.
—Esa esfera a lápiz, aquélla que está en ese rincón.
—¡Ah sí! ese dibujo es de un muchacho, hijo del pastor don Abelardo, que debes conocer. Ese muchacho Abelardito,… no sé lo que tiene entre los dedos. ¿Verdad que parece hecho por un profesional? Posee una soltura y una espontaneidad que asombran.
Han transcurrido tantos años y todavía me parece ver ahí. frente a mi. el dibujo de aquella esfera, hecho con la naturalidad de quien se hubiera pasado toda una vida divirtiéndose. sin pretensiones, como si fuera asunto con-natural con su existencia, el dibujo de esferas repetido a lápiz.
Muchos años después, no recuerdo cuántos, estaba yo de tertulia con el patriarca don Miguel Pou en su estudio de la calle de la Salud.
Don Miguel Pou—el buen don Miguel— sentía tristeza cordial por los talentos perdidos. Un ambiente provinciano para las artes, como el de Ponce y posiblemente sino seguramente de todo Puerto rico. la ausencia de museos, la idea equivocada de lo que debía ser una academia de pintura, y en fin la carencia de una tradición pictórica bien enraizada, echaba a perder muchos talentos. No era culpa de los talentos sino del ambiente.
En aquella inolvidable plática don Miguel mencionó los nombres de muchos jóvenes. Abelardo Díaz Alfaro figuraba entre ellos.
Por los años 1936 a 1939 conviví con Abelardo como alumno interno del antiguo Instituto Politécnico en San Germán . Nuestro hogar era Phraner Hall, el dormitorio de varones. Hacíamos nuestros estudios conducentes al bachillerato en Artes Liberales.
Como parte del curriculum había que tomar diversos cursos de Literatura que enseñaba la singular profesora Luara Rover. Uno de sus alumnos era Abelardo.
Si nuestro admirado escritor hubiera tenido que mostrar sus calificaciones para enseñar Literatura en alguna facultad habría sido preterido por los alumnos brillantes, que es el adjetivo usual para los estudiantes de aes. Abelardo se concentraba a aprobar los cursos.
Guardo íntimo recuerdo de las veces en que mientras la profesora de Literatura explicaba las bellezas del «Cantar del Mío Cid”. Abelardo se las pasaba haciendo caricaturas de sus compañeros de aulas.
Alguna dedicada compañera se sabía casi de memoria todo el “Cantar del Mío Cid” con excepción de los pasajes de la afrenta de Corpes porque quería olvidarlo por un pudor mal entendiso. Hasta de eso hacía caricaturas Abelardo.
De aquellos alumnos memorizadores. dicho sea sin menosprecio de ellos, nadie se acuerda. A Abelardo, el alumno descuidado y sin elevadas calificaciones. lo tenemos presente.
Nunca supe que Abelardo tomase un pincel en sus manos. Las estampas literarias que ha producido muestran su prodigiosa habilidad para captar los rasgos definitorios de cada figura humana, destreza que se inició con su inclinación por el dibujo.
Alguien ha dicho que sus creaciones literarias son más bien estatuarias, es decir, escultóricas. Es igual. Cuando René Marqués inquirió del escritor si había tenido afición temprana por la literatura. Abelardo contestó:
-Sí Recuerdo que de niño «devoraba” a Víctor Hugo. Por entonces creí que llegaría a ser pintor. Estudiando en la Escuela Superior de Ponce, tomé clases de pintura con don Miguel Pou
¿Crees que esa primera afición haya influido en tu estilo literario?
—Estoy seguro. Lo habrás notado en mis descripciones.
-Quizás ello explique también tu predilección por el «cuadro» y la “estampa» literaria.
—Es probable.
Sea como fuere Puerto Rico perdió un gran dibujante y ganó un excelente escritor.
SIGUENOS EN TINTA A DIARIO EN FACEBOOK para notas diarios del mundo del comic, caricatura y dibujo. Toque los anuncios de este blog si quiere ayudar a mantener este portal.
Se pueden incluir imágenes de perfiles en Facebook, la red y otros medios. son utilizadas para ampliar la experiencia del lector. Javier Martínez es artista multidisciplinario de Puerto Rico
