El humor y la sátira en la prensa, 1989
El humor y la sátira en la prensa, escrito de LUIS H. ECHEVARRIA en el periódico El Mundo de 1989
Arte Cultura y Entretenimiento | Redacción/ Escrito por Javier Martínez | Visit [a] TintaADiario en Facebook

Su nombre era Luis H. Echevarría, pero todos lo conocían sencillamente como Eche. Fue un humorista en la prensa escrita. Estuvo a cargo de la página de Gente y, ocasionalmente, escribía la columna «Echevarradas» en el diario EL MUNDO, donde comentaba temas de actualidad con un fino toque satírico. Indicaba el autor: «El humor es lo que me sale con más naturalidad». Además de su columna trabajaba como «copy reader», en edición de noticias, títulos y diagramando las páginas del Mundo.
He publicado ya dos notas anteriores de Echevarría: Memorias de un ex GagWriter y Desde Sevilla, mirada a los Cómics en España, 1971, les dejo con esta otra en referencia a El humor y la sátira en la prensa
El humor y la sátira en la prensa, 1989
Por LUIS H. ECHEVARRIA | escritor humorista | El Mundo, 1989.07.08
LO SORPRENDENTE, PIENSA UNO, es él déficit de humorismo que se manifiesta en la prensa puertorriqueña en los momentos en que – según proclaman las estadísticas, los per cápitas, los productos brutos y todos esos términos esotéricos que nos atosigan constantemente los políticos y los economistas – Puerto Rico diz que vive su periodo de mayor prosperidad en la historia.
O sea, precisamente cuando deberíamos ser más propensos al cultivo y disfrute del humor y de la sátira en todas sus vertientes. Incluyendo el relajo y la guachafita criolla. ¿O no?
Porque; si te animas a darle un vistazo a nuestro pasado no tan remoto – sin Unto “progreso”, con per cápitas microscópicos, sin escuelas de periodismo, con menos fondos de capital, menos facilidades técnicas y con la libertad de expresión muchas veces en precario – descubres que en la Isla abundaban los escritores humorísticos y satíricos y las revistas y periódicos especializadas en él género.
Y no sólo en la capital Según hacía consUr otro destacado cultivador del género, Washington Lloréns, en una conferencia que dictó allá para 1958 en el Instituto de Cultura Puertorriqueña, hubo épocas en que los periódicos y revistas humorísticos se propagaban como la verdolaga (él lo expresaba en forma más elegante, claro) por toda la geografía criolla:
Ponce, Mayagüez, Humacao, Caguas, Aguadilla, Bayamón, Coamo. Juncos, Guayanilla, Arecibo, Cabo Rojo, Aibonito, Vega Baja, Yabucoa, ¡Gurabo!, ¡Añasco!. …
Y circulaban publicaciones con nombres tan sugestivos como La Araña, La Charanga, La Cotorra, La Daga, El Diluvio (hizo época), El Loco, El Tío Satán, Política Cómica, El Mime, El Chisme, El Diablillo Rojo, ¡La Avispa, La Cócora…
También El Granuja, El Buscapié, La Víbora, El Látigo, El Pitiyanqui, La Fusta, El Tapao, El Machete, El Buscón, J’Accuse, Mostaza, El Pitirre, Canta Claro, La Bombita, Juan Bobo...
Sin olvidarnos de Florete, que estuvo lanzando estocadas hasta relativamente hace poco. Y que fue responsable de la llegada a Puerto Rico de ese gran caricaturista y fanático de Daniel Santos que responde al nombre de Miche Medina.
Entonces, cómo diría Mike Santín, uno de los columnistas que más hábil y sabrosamente han logrado armonizar el humor y el comentario político en nuestro periodismo; ¿what ‘s the qué pasa?
José Luis González, al hablar del tema hace varios años, atribuía nuestro déficit de humorismo en gran medida al empobrecimiento que ha sufrido el español en Puerto Rico. El humor y la sátira dependen mucho del juego de palabras, de los malabarismos verbales, apuntaba el gran escritor puertorriqueño radicado en México. Y si los conductos del idioma están arterioescleróticos, la chispa y la gracia no pueden fluir libremente, por más que pujen, empujen y resoplen.
Otros dirán que los malos tiempos son, precisamente, el mejor caldo de cultivo que pueden tener la sátira y el humor. Aunque lo que salga sea huqior negro. Por aquello de que a mal! tiempo, buena cara.) Porque cuando más “chavao», “jorobao” y oprimido estás, es cuando más falta te hace una buena carcajada o, por lo menos, una sonrisa, aunque sea irónica o ligeramente amarga, qué caramba. Cuando el humorista le clava las banderillas al explotador, al abusador, al corrupto, al egocentrista, al pretencioso, al tirano, ese humorismo solidarle reconforta y, al menos momentáneamente, limpia, brilla y da esplendor al espíritu agobiado. O sea, el humor como artículo de primera necesidad social. Terapia.
Ello quizás explique la paradoja de La Codorniz, uní de las mejores revistas de humor que se hayan publicado en España Durante la dictadura de Franco, La Codorniz tuyo que batirse heroicamente contra la censu ra apelando a todo tipo de sutilezas y subterfugios, y fomentando entre sus lectores el arte de leer entre líneas. No pocas veces le confiscaron las tiradas y otras tantas la multaron. Sin embargo, a base de puro ingenio ibero y valentía, La Codorniz se mantuvo volando y prosperando. |
Un buen día, muerto Franco, retornó la democracia a España. O sea, que ya se podía escribir de todo y criticarlo todo (y a todos) sin censuras, sin tapujos y sin temores. Lamentablemente, aquellos aires democráticos le provocaron una pulmonía mortal a La Codorniz y un buen día, al cabo de una prolongada agonía, la revista falleció y fue sepultada. Algunos dirán que, como ya no había reto, La Codorniz murió de aburrimiento. Otros sostendrán que la mató la libertad. ¡Vaya usted a saber!
La explicación al déficit de humoristas en nuestra prensa .pudiera radicar precisamente ahí, en eso del aburrimiento que mentamos en el párrafo anterior En el hecho de que los humoristas y escritores satíricos potenciales boricuas piensen que como aquí no hay censura y tú puedes barrer el piso con quien te dé la real gana sin temor a que atenten contra tu vida ni te reten a duelo ni te destruyan la prensa (como solía suceder antes), pues entonces como que ya no da gusto escribir sátira ni humor punzante en este país.
En lo que a mí se refiere, prefiero estos tiempos en que no existen los duelos y los lances de honor. Me parecería anacrónico y hasta ridículo ver a Silverio Pérez en un duelo a pistolas a 15 pasos con Edison Misla Aldarondo o Kenneth McClintock. O a don Manuel Méndez Ballester trabado en un duelo a estocadas con Carlos Romero Barceló: Por ejemplo. Son otros tiempos.
He descubierto que lo peor que puede pasar es que te malinterpreten. Hace algún tiempo, por ejemplo, intenté redactar una columna irónica defendiendo al español de cara a la infiltración del inglés en el habla diaria. Varios días después me llegó una carta – muy bien escrita, por cierto – en la que un lector me ponía de vuelta y media. Lo menos que me dijo fue que padecía de “bovarismo”, esa terrible enfermedad del alma que inmortalizó Flaubert y que consiste en negarse a aceptar lo que se es y pretender ser otra cosa. El hombre entendió la columna al revés. Me falló lá ironía.
Pero se consuela uno. Hace varios años, cuando trabajaba en la sección editorial del periódico, bajé a tomarme un café. Al regresar, la compañera encargada de mecanografiar los artículos me explicó que como no le había dejado material, por iniciativa propia cogió y transcribió una columna “de un viejo loco” que yo había dejado sobre el escritorio. El «viejo loco” era el mexicano Marco A. Almazán, uno de los mejores escritores de humor en toda América.
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